Luzia, el tributo a México del Cirque du Soleil


Los montajes del Cirque du Soleil traspasan las barreras de lo estrictamente teatral. Sus espectáculos combinan la representación histriónica con la danza, las acrobacias circenses, la música y el despliegue técnico. Cada una de sus obras es esperada con expectativa por un variado público que desea ser sorprendido.

Y en España contamos los meses, pues ya han anunciado su visita para principios de 2019, con la pieza Toruk, inspirada en la película Avatar, de James Cameron.

Pero es otra la historia que hoy queremos compartir. Y es que, siguiendo el ejemplo se lo que en su día hizo Wim Wenders con Historias de Lisboa , la compañía canadiense rinde tributo a un país de cultura milenaria.

La diferencia radica en que este esfuerzo forma parte de un proyecto de promoción país, financiado por la Secretaría de Turismo mexicana. Con un aporte de 47.4 millones de dólares, Luzia, que es el nombre del espectáculo, el gobierno mexicano aspira a posicionar la imagen de México en los mercados internacionales.

La pieza estará itinerante durante 7 años, contabilizados a partir de su estreno en 2016, y recorrerá 450 ciudades. El nombre de la obra hace proviene de la fusión de las palabras luz y lluvia, que son los principios en los que se inspira.

Luzia hace alarde de la innegable maestría del Cirque du Soleil para orquestar múltiples elementos en una creación a medio camino entre el arte y la tecnología.

En efecto, el equipo técnico de Luzia está conformado por 29 personas, entre las que se cuentan carpinteros, personal de utilería, ingenieros de audio, visuales y sonido, electricistas, encargados de automatización, entre otros, que trabajan en conjunto con los 44 artistas y acróbatas de la producción. La simbiosis entre ambos equipos es indispensable para dar vida a la historia.

Curiosamente se trata de una pieza escrita e interpretada en idioma español en su totalidad, que va tejiéndose a través de escenas oníricas sobre las tradiciones y arquetipos mexicanos. La narración no es lineal, es una sucesión de recorridos imaginarios, con piruetas que desafían las leyes de la gravedad. Pero no sólo los acróbatas giran, sino que también los pisos han sido dotados de movimiento y se convierten en hilos conductores de la historia. Ni siquiera el escenario es fijo, lo cual obliga a los acróbatas a memorizar cuándo y cómo se mueve cada área, para sincronizar sus movimientos. Y es que en Luzia, el protagonismo está compartido entre los máquinas, los ejecutantes y los técnicos.

En Cirque du Soleil no fabrican sus aparatos, pero las encargan a proveedores especializados y las personalizan para ajustarlas a los requerimientos de sus obras, convirtiéndose en equipos diseñados a medida con precisión milimétrica.

Entre las virguerías tecnológicas que acompañan este montaje, destaca un ascensor-piscina de 3.6 metros de alto, que sube y baja unos 45 centímetros, con su carga de 3,000 litros de agua recalentada. Este depósito de agua nutre a la cortina de lluvia rotatoria, que sin duda puede ser considerado como un personaje más, pues hasta parece interactuar con los actores.

Actualmente la obra está de gira en Estados Unidos, pero al finalizar el verano regresará a México, donde fue estrenada hace dos años.…

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